En defensa de Robespierre. ¡Viva la República!

Desde el sur

En defensa de Robespierre. ¡Viva la República!

ANA JORGE 24/04/2017

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Me gusta utilizar fragmentos de los discursos de Robespierre a manera de felicitación el 14 de abril. Últimamente he discutido con amigos, incluso acaloradamente, sobre lo que representó en la historia de la emancipación humana el filósofo, brillante orador y ardiente revolucionario Maximilien Robespierre. Su concepción de la República, su prefiguración de la economía política, su definición de los derechos, en los que destacan su universalidad y su dimensión a la vez individual y colectiva, y por supuesto su acción política en defensa de esta concepción revolucionaria que le valieron en gran medida el apelativo del Incorruptible,le convierten en miembro prominente de nuestra genealogía revolucionaria y emancipadora. Esta modestísima contribución a la rehabilitación de la figura de Robespierre es también un pequeño homenaje a Florence Gauthier, historiadora francesa de obligada lectura y cuyo trabajo sobre la Revolución francesa es imprescindible para entender el significado de estos acontecimientos en la ya mencionada genealogía de las luchas por la emancipación humana.

Alain Badiou afirma que la cuestión del universalismo político se construye en relación a determinados acontecimientos: la Revolución francesa, la Comuna, Octubre del 17, las luchas de liberación nacional y el mayo francés y hace hincapié en que solo se puede negar éste y el propio motivo de emancipación a través del revisionismo historiográfico del propio acontecimiento. Y en esas estamos desde la reacción termidoriana.

Sobre ningún personaje histórico se ha vertido tanta basura como sobre Robespierre. La deconstrucción de su pensamiento, el desprecio a la verdad de lo que significó su acción política en defensa de la república e incluso la negación de la propia naturaleza radicalmente democrática de la Revolución francesa es un ejercicio de revisión, no ya de la interpretación de los acontecimientos de la Revolución de 1789 y la del 92, sino de los propios acontecimientos, que son transformados desde premisas, no solo reaccionarias, para legitimar posiciones políticas merced a la deformación de unos hechos, de sus protagonistas, y por tanto del significado no solo político sino ético de los mismos. Es destacable, por ejemplo, el invento del «estado jacobino centralizado» que desde luego no se encuentra en ninguno de los discursos de Robespierre y que como Florence Gauthier advierte, será con la victoria de Jean-Baptiste Say y sus acólitos cuando este concepto aparezca en la escena política.

Quizá son las palabras de Robespierre uniendo moral y política en su discurso del 5 de febrero de 1794 Sobre los principios de moral política que deben guiar a la convención nacional en la administración interior de la república quien nos ofrece las claves de la «peligrosidad» percibida en la radicalidad democrática de su concepción republicana. Para él, república y democracia son lo mismo y su definición de virtud republicana sigue siendo válida en gran medida. La virtud definida como «amor a la igualdad» y «prioridad del interés publico sobre todos los intereses particulares» en un contexto revolucionario de «guerra de la libertad contra la tiranía» constituye la base de un programa político de democracia radical necesario para la transformación social. Es importante destacar que en esta formulación política libertad e igualdad dialogan y se ensanchan con el ejercicio de la fraternidad. Su afirmación de que «lo que es inmoral resulta contrario a la política y lo que es corruptor resulta contrarrevolucionario» permite visualizar lo que será el fin del que denominaríamos «periodo democrático o republicano» de la Revolución: el golpe de mano de la fuerzas políticas representantes de los intereses de los nuevos grupos oligárquicos y las alianzas políticas tejidas durante los años revolucionarios y para quien los postulados de esta radicalidad democrática resultan una amenaza intolerable.

Hoy como ayer y en palabras de Montesquieu, de cuya formulación toma Robespierre su concepción de «virtud republicana», «el amor a la república en una democracia es el amor a la democracia; el amor a la democracia es el amor a la igualdad».


Publicado en el Nº 305 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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